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Se inicia poco a poco. Un diminuto punto comienza a nacer en la mente y va a mezclarse con los impulsos màs desenfrenados y vitales del espìritu. El punto crece y se va transformando en idea, hasta llegar a consolidarse en medio del desierto como un oasis.
La idea que hemos alimentado ahora toma el papel de alimento. Es un proceso recìproco de fluctuaciòn energética. La idea es agua de la cual bebemos y en la que nos reflejamos. La idea nos ofrece calma y nos refresca, nos permite cuestionar quién es el ser que nos mira a través de sus destellos; y a su vez nosotros nos encargamos de limpiarla, limarla, embellecerla y hacerla cada dìa màs REAL.
Es justo en el momento en que se asume como real que se pierde el control del proceso. La idea cobra vida y se sale de la mente para concretizarse exteriormente. Es asì que insisto en la fuerza de la convicciòn humana. Se tiene la preciosa capacidad de crear el mundo a través de los procesos vitales de las ideas. Cada hombre posee las armas para crear lo que lo rodea, éstas armas pueden ser sus letras, sonidos, imàgenes, acciones concretas que canalizan el espìritu. La capacidad de hacer del oasis ya no sòlo una proyecciòn individual sino universal està justo en la fuerza de las decisiones humanas.
El hombre, en su estado de enajenaciòn y ruido, olvida cultivar sus ideas, no logra nunca hacerlas crecer, y las abandona justo antes de que maduren en la rama del àrbol y se desprendan del plano intangible e individual.
Vivimos en una constante distracciòn llena de flashes, escàndalos y movimientos desequilibradores. El mundo no parece ser hijo de las ideas brillantes, sino del abandono o de la fuga de conceptos aislados.
En realidad sabemos que nada està aislado, y que el Universo es una red infinita, un tejido perfecto. Y este abandono es también perfecto en cuanto forma parte del proceso natural del cosmos. Asì que probablemente llegue el momento en el que el caos del abandono grite tan fuerte que todo caiga y se reinicie el proceso creativo del mundo en las personas. También podrìa ser que no se necesite llegar al grito para que las mentes se den cuenta de toda la cantidad de ideas errantes y a medias y las tomen entre sus manos y las amen de manera casi maternal, nuevamente.
Me inclino a pensar que el hombre està ya en un proceso de reflexiòn en el que cada vez que se mira al espejo se da cuenta de todo lo que le queda por desear y cumplir. Cada deseo nace desde adentro, desde la médula, desde el punto central del espìritu, y aunque a veces lo ignoremos, siempre se cumple. Hay quienes dudan que el sufrimiento también pueda ser deseado, pero en realidad lo es. Quizà se trate de un deseo reprimido y aplastado, en secreto, pero al fin y al cabo vencedor.
Cada deseo se cumple, cada construcciòn del alma-mente, cada idea. El hombre no es sòlo carne y hueso a la merced de las circunstancias. El hombre es fuerza creativa en constante movimiento.
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