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Si las palabras que se pronuncian producen una resonancia en el aire y nunca dejan de viajar, qué sucede con las palabras no dichas? Las palabras son ràfagas de singificado que se disparan en todas direcciones. Una lìnea de palabras viaja en espiral, sobre sì misma, como una corriente elèctrica donde fluyen hacia adelante y hacia atrás memorias y reflejos de lo que somos en el momento de ser pronunciada. Sin embargo esa corriente de esencia no nace en el momento en que es pensada. El pensamiento es un reflejo-filtro de lo verdadero que da forma a aquello que es pronunciado. Y aquello que es pronuncado tambièn da forma a la esencia de lo verdadero. La reciprocidad en esta influencia es una constante.
Yo ahora puedo ser el eco de un pensamiento mìo futuro. Esto que se me ocurre modifica de cierta forma mi pasado. En tanto que el universo es no lineal, y lo lìneal es sòlo nuestra percepciòn condicionada por lìmites de èste, aquello que serè en diez años determina lo que sea que soy ahora.
Hay un mundo circunscrito a èste que observamos. El curso de las cosas recorre una ruta percibida atravès de la conciencia que es determinada por la linealidad. En cierto momento me propuse la posibilidad de nunca dscartar aquello que no sucede en el mundo que vivo. Partiendo del supuesto de que el universo es infinito, una infinitud de mundos posibles no excluìa la existencia de un mundo idèntico a èste, donde hubiera una mujer igual que yo, y donde fueran posibles hechos que yo añorara o imaginara.
Todas las variantes eran posibles. Todos los mundos posibles coexistìan. El hecho de que no los conociera no significaba que no estuvieran ahi. ¿ Era el deseo de que fueran lo que me hacìa intuirles ?
El deseo es una especie de proyecciòn en ciertos casos. Se desea a futuro, o se desea digresivamente, pero siempre en avance con respecto a un presente predeterminado.
El futuro influye tanto en el presente, como el pasado, y el presente influye de la misma manera en el pasado. Puesto que la concepciòn lineal del tiempo es una construcciòn de la mente conciente.
El deseo, la memoria ìntegra y la intuiciòn se forjan en el inconciente. El inconciente tiene acceso, puesto que no està limitado por conceptualizaciones, a un nivel de conciencia màs amplio dentro del cual se reconoce como una parte del sistema. No distingue la lìnea que define la existencia en tèrminos de separaciòn y dualidad.
El orden que intuimos como forma y substancia de nuestra existencia, està determinado por las rutas y ramificaciones conformadoras de lo que la conciencia conoce como voluntad, memoria, y fantasìa.
Solamente desde el inconciente donde no hay un orden consecutivo de nuestra percepciòn de la realidad, se puede conocer, a fondo, la esencia de lo que somos.
—-luego desarrollo la idea de los otros mundos.
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Se inicia poco a poco. Un diminuto punto comienza a nacer en la mente y va a mezclarse con los impulsos màs desenfrenados y vitales del espìritu. El punto crece y se va transformando en idea, hasta llegar a consolidarse en medio del desierto como un oasis.
La idea que hemos alimentado ahora toma el papel de alimento. Es un proceso recìproco de fluctuaciòn energética. La idea es agua de la cual bebemos y en la que nos reflejamos. La idea nos ofrece calma y nos refresca, nos permite cuestionar quién es el ser que nos mira a través de sus destellos; y a su vez nosotros nos encargamos de limpiarla, limarla, embellecerla y hacerla cada dìa màs REAL.
Es justo en el momento en que se asume como real que se pierde el control del proceso. La idea cobra vida y se sale de la mente para concretizarse exteriormente. Es asì que insisto en la fuerza de la convicciòn humana. Se tiene la preciosa capacidad de crear el mundo a través de los procesos vitales de las ideas. Cada hombre posee las armas para crear lo que lo rodea, éstas armas pueden ser sus letras, sonidos, imàgenes, acciones concretas que canalizan el espìritu. La capacidad de hacer del oasis ya no sòlo una proyecciòn individual sino universal està justo en la fuerza de las decisiones humanas.
El hombre, en su estado de enajenaciòn y ruido, olvida cultivar sus ideas, no logra nunca hacerlas crecer, y las abandona justo antes de que maduren en la rama del àrbol y se desprendan del plano intangible e individual.
Vivimos en una constante distracciòn llena de flashes, escàndalos y movimientos desequilibradores. El mundo no parece ser hijo de las ideas brillantes, sino del abandono o de la fuga de conceptos aislados.
En realidad sabemos que nada està aislado, y que el Universo es una red infinita, un tejido perfecto. Y este abandono es también perfecto en cuanto forma parte del proceso natural del cosmos. Asì que probablemente llegue el momento en el que el caos del abandono grite tan fuerte que todo caiga y se reinicie el proceso creativo del mundo en las personas. También podrìa ser que no se necesite llegar al grito para que las mentes se den cuenta de toda la cantidad de ideas errantes y a medias y las tomen entre sus manos y las amen de manera casi maternal, nuevamente.
Me inclino a pensar que el hombre està ya en un proceso de reflexiòn en el que cada vez que se mira al espejo se da cuenta de todo lo que le queda por desear y cumplir. Cada deseo nace desde adentro, desde la médula, desde el punto central del espìritu, y aunque a veces lo ignoremos, siempre se cumple. Hay quienes dudan que el sufrimiento también pueda ser deseado, pero en realidad lo es. Quizà se trate de un deseo reprimido y aplastado, en secreto, pero al fin y al cabo vencedor.
Cada deseo se cumple, cada construcciòn del alma-mente, cada idea. El hombre no es sòlo carne y hueso a la merced de las circunstancias. El hombre es fuerza creativa en constante movimiento.
